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viernes, 9 de mayo de 2014

Conesa. Pedro y Pablo, 1972.

"Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos...
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!"

Mi Bohemia, Arthur Rimbaud.

Un poema como éste, resume de alguna manera el espíritu de Conesa, uno de los mejores discos del rock nacional, compuesto por Miguel Cantilo y Jorge Durietz, influidos por la poesía de Rimbaud que, si se lee con detenimiento, hace un elogio constante de la naturaleza y la bohemia como formas de vida.
El disco gira en torno a una idea central: es la época en que llegan las ideas hippies de vida comunitaria en contacto con la Naturaleza. Es la idea del éxodo. Éxodo que es múltiple. Éxodo que significa salirse de la ciudad, para respirar el aire puro. Éxodo que significa huir de la tiranía opresiva de una dictadura asesina. 
Y esta idea central permite desarrollar algunas pautas generales de cómo vivían su retiro estos jóvenes. 

Para empezar, Conesa abre el disco con una declaración de principio religioso. Padre Francisco es una manifestación clara de devoción a Dios pero entendida desde la acción y no desde la palabra. No por azar, eligen llamar a su párroco por el nombre de Francisco de Asís, aquel predicador de la fé y el ascetismo. 
   Blues del éxodo comienza a marcar la idea. Se trata de convencer a los pares de unirse en la fuga a esa tierra prometida, lejos de la ciudad. 
  Canción del ser asienta acaso el primer punto en el programa de la cofradía. La meditación como método de alcanzar la verdad, y el canto como forma de expresión.
  Barco pálido puede leerse como una expresión de desdén hacia la ciudad, ese barco pálido que aparenta entrar en crisis, y que sin embargo sobrevivirá.
  "Enseñar a los instintos lo distinto..."   una de las tantas consignas brindadas en el tema Instrucciones. Parte de ese programa antes citado.
  El Bolsón de los Cerros es una oda al punto de llegada, el sitio donde se ubica la comunidad y donde, además, se gesta este disco. 
  Se hablaba del éxodo de la ciudad como intención de contactarse con la Naturaleza pero si algo debe señalarse es que en 1972, momento en que se edita este disco, la Argentina ya comenzaba a vislumbrar lo que años después se convertirá en el reguero de sangre que los militares provocarán. Ya en 1972 la violencia era moneda corriente y, en este sentido, Apremios ilegales es la canción del disco que nos permite pensar que el éxodo es también una forma de escaparse de aquella matanza, una manifestación rotunda de oposición a la brutalidad militar. 

  Por suerte, le continúa a esta una canción de amor como Catalina Bahía, quizás uno de los temas fundamentales en la carrera de Pedro y Pablo. La misma es ejecutada a tres guitarras por Miguel, Jorge y Roque Narvaja, cuya participación en el disco es total.      Catalina es la historia de una chica que 'hace la calle', y a la que el protagonista masculino le declara un profundo sentimiento de deseo al poseerla como mujer. 
El alba del estío es la canción que da cierre al disco. Es una adaptación de Jorge Durietz a un bellísimo poema de Rimbaud.   

  Conesa es un disco  que suena chiquito pero guarda un enorme testimonio de la época. Si bien se destacan las guitarras eléctricas de Kubero Díaz, es una obra prácticamente acústica, llena de lírica y guitarras desenchufadas, muy a contraposición con otros trabajos del dúo, en que prevalecía la orquestación que los sellos de la época imponían a los artistas jóvenes.
  
Además de Miguel Cantilo y Jorge Durietz, Kubero Díaz, Quique Gornatti, Rubén 'Tzocneh' Lezcano, Roque Narvaja, Néstor Paul, Mariano Tito, Alex Zucker, Atoranto, y Daniel Russo fueron partícipes musicalmente.
El arte original incluía un dibujo interno hecho por Kubero Díaz. La foto de tapa, fue tomada en la calle Conesa, donde vivían en Buenos Aires Pedro y Pablo junto a sus amigos, mascotas y familias.    
El disco fue grabado en estudios ION entre junio y julio de 1972.