Conceptualmente, Piano Bar se opone totalmente a sus sucesores por tratarse de un disco de canciones de arreglos estupendos pero más sencillos, sin por ello perder la magia, el sello de García. Entendámoslo bien: si Yendo... era un primer disco cargado de pop, y Clics igualmente pop pero con toques más bailables, Piano Bar llega para ponerle rock a la cosa. Si a Buenos Aires ya la tenían bombardeada, y los dinosaurios desaparecidos, este disco señala la hora de avanzar al frente, de animarse a despegar, de aproximarse a la revolución -o al 'destape argento'-.
En términos saynomorísticos, ¿qué movimiento artístico se podía jugar después de destruir una ciudad de cartón en Ferro o apostar a las luces de flash (al contrario de los efectos de colores que se imponían)? Bueno, lisa y llanamente esto. Abandonar la elegancia y posar en jean y remera, y revolear la Rickenbacker.
Ya el cambio sucede en el seno mismo de la banda. Calamaro, Bazterrica y Cachorro López dedicarían su tiempo a Los Abuelos de la Nada. Solo queda Willy Iturri en la batería. En un movimiento lógico, Charly convoca a Pablo Guyot en guitarras y a Alfredo Toth en bajo. Suma además, en reemplazo de Andrés, a Fito Páez en teclados. Esta banda comienza a rodar en las presentaciones de Clics, pero es en este disco donde se registra formalmente como tal.
Piano Bar era el título pensado para el trabajo anterior, pero ante el azar del grafitti neoyorquino, García guardó la idea para este nuevo trabajo, surgido en sus vacaciones en Brasil.
Ver hoy las sesiones de grabación de ese disco, casi grabado en vivo (las bases quedaron registradas en tres días, casi sin ensayos), es un ejercicio práctico para aprender cómo se trabaja en un estudio de grabación. Y cómo se puede alcanzar el esplendor con semejantes músicos ejecutando. Máxime cuando el director de orquesta no es otro que Charly García.
Piano Bar -la canción- abre paso a lo que sigue. Insta a salir, a divertirse. "Los chicos tienen un lugar donde viven esas cosas que asombran, las chicas tienen un lugar donde ir a conversar".
No te animás a despegar continúa el trazo, sigue el susurro: 'Dale, animate a despegar, no descarriles como aquellos que...'
No se va a llamar mi amor comienza a elevar la voz. Estás prohibida, no te puedo amar. Estás prohibida, pásenlo -díganlo- en la radio. '¡Que empiece a correr la voz!'.Tuve tu amor sostiene el hilo: narra un amor perdido en el exilio, de aquellos que se tuvieron que escapar por temor a la muerte, resignando todo, incluso el amor.
Rap del exilio no se queda atrás. El exilio por pensar distinto y lo que queda por hacer. Como si la pesadilla hubiera acabado, y los chicos retornado al país, como si solo quedara festejar bailando el retorno a la democracia.
Y llega al fin, tras mucho meditar, sonreír, pensar, discutir y dialogar. El trueno rabioso sobre la calma de una lluvia de mil años. Cerca de la revolución. 'Ok, nadie me entiende -nadie se entiende- pero no es solo una cuestión de elecciones'. El pueblo pide sangre, no como un derramamiento inútil de la muerte, sino como un elemento vital que necesita sentir correr por las venas -las propias y las del país- 'Yo morí de hambre. Hambre de poder hablar, y ahora tengo esta canción. Y si esto nos ayuda a los dos, voy a ser -vamos a ser- inmensamente felíz. Cantemos'
Total interferencia es significativa. Es el primer tema compuesto por Charly García y Luis Alberto Spinetta a dúo que sale a la luz. Es como si dos potencias se unieran para hacernos notar que estamos renaciendo, y que en ese renacer estamos destruyendo todo lo que tenemos por reflejo mero, o porque así nos enseñaron a vivir.
Es un disco que tiene la fuerza para llevarnos a romper todo, y a la vez ponernos la mano en el hombro y conducirnos a la calma, a la reflexión. A no olvidar todo aquello que nos hace daño, y al mismo tiempo continuar hacia adelante, enfocarnos en lo positivo, en construir el futuro.
Chiquitito: el arte de tapa es obra de Renata Schussheim, y fue grabado en Estudios ION por Jorge Da Silva y Roberto Fernández, y mezclado en Electric Lady Studios, Nueva York por Joe Blaney. Originalmente, el disco se editó bajo el sello fundado por Serú Girán, SG Discos.
*Algunos datos han sido tomados de No digas nada; Sergio Marchi, Bs. As.: Debolsillo, 2007.

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