Irvin Yalom hace uso de sus conocimientos psiquiátricos para ahondar en la historia y trazar un nexo que une a estos dos personajes tan distantes en el tiempo. Si bien muchos de los sucesos que aquí se relatan tienen un caráceter verídico, Yalom crea personajes secundarios que funcionan a modo de iluminadores del pensamiento y el espíritu de Baruch Spinoza y Alfred Rosenberg para mostrarnos algunos supuestos de lo que, al entender del escritor, pudieron ser las ideas que albergaban ambos personajes.
Baruch Spinoza, fue un filósofo judío del siglo XVII excomulgado de su comunidad por sus pensamientos respecto a la religión. Se lo reconoce como uno de los tres pensadores del racionalismo más influyentes junto con Descartes y Liebniz.
Alfred Rosenberg recibió el título de arquitecto pero se desempeñó como escritor y político, influenciado por los escritos de Houston Stewart Chamberlain . Por su colaboración intensa y como miembro inicial del Partido de los Trabajadores Alemanes, fue escalando en el partido y ocupando espacios de mayor jerarquía.
En 1933 fue ascendido a Jefe del Servicio de Asuntos Exteriores del Partido Nazi, cuya tarea fue la de confiscar obras de arte de los museos judíos, entre ellos, la biblioteca personal de Spinoza en su casa-museo de Amsterdam. Enjuiciado en Nüremberg, fue ejecutado en 1946.
El vínculo en esta historia se ata cuando Rosenberg toma noción de que su autor de cabecera, Goethe, considerado uno de los hombres más influyentes del pensamiento alemán, admiraba a Spinoza, a quien citaba numerosamente en su autobiografía. De este modo, Rosenberg recorre un camino que lo lleva a una búsqueda incesante por intentar comprender cómo el pensador alemán más importante reconocía a una mente a la que él consideraba inferior.
Un libro atrapante, plagado de guiños históricos de una etapa oscura de la Historia. Para leer, releer y recomendar.
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