Páginas

viernes, 13 de marzo de 2015

Yo que serví al rey de Inglaterra, Bohumil Hrabal (Ada Korn Editora- 3ra ed. 1997)

Tan ígnoto para mi como impronunciable, Hrabal llegó por obra del destino un día de teatro en la Escuela Superior de Comercio. Era una edición llamativa en una caja con varios ejemplares. Algo había allí que me llevó a tomarlo, una fuerza lejana que me arrastró a la perdición, una atracción, un impulso que llamó mi atención y despertó mi interés. Seguramente fue el dibujo de portada. Sin dudas, el nombre familiar de la editora, a la que me atan intrincados lazos sanguíneos y que no conozco.

De cualquier manera allí estaba, descubriendo sin saber, a uno de los máximos referentes de la literatura checa, sucesor de Hasek y Kafka.

Se trata de la historia de Ditie, un joven aprendiz de mozo que narra, a través de su vida, la de todo un pueblo en medio de la Europa de entreguerras. Así, pasa de trabajar como aprendiz a ser condecorado por servir a reyes para luego casarse con una soldado nazi alemana y ser echado de sus clubes de reuniones checas por traidor; servir a la procreación de la raza aria, convertirse en dueño de su propio hotel, ser encarcelado por los comunistas tras la liberación de la República Checa; perder su patente de rico y edificar un hotel único, frecuentado por Steinbeck y Maurice Chevalier.

"Aunque hubiese sido yo mismo el que lo hubiera capturado, el Sokol de Praga igualmente me hubiese mandado a la cárcel, no porque me hubiera casado con una alemana, sino porque en el período en que eran ajusticiados millares de patriotas checos yo había estado frente a las autoridades nazis de la comisión para la defensa de la sangre y el honor alemanes (...) para ver si era capaz de unirme carnalmente con una mujer alemana de raza aria."

La historia, sumamente atractiva desde el punto de vista histórico, es sostenida por Hrabal no solo desde el humor sino también por un estilo personal de escritura que le distingue. Largas y minuciosas descripciones que se hilvanan sin necesidad de diálogo alguno. Frases conductoras que conectan los capítulos entre sí y dejan la sensación al lector de que el relato sucede aquí y ahora, en una charla de café o en una reunión social.

Es la vida de Ditie una suerte de sube y baja que lo arrastra de aquí para allá; de la ruina al éxito, y de éste al fracaso sin que ello implique la pérdida en valor del héroe. En todo momento, el personaje narra su historia como si todo aquello hubiera pasado tan velozmente que no tuviera ocasión para reflexionar sobre lo sucedido. Como si siempre tuviera que mirar hacia adelante con la meta puesta en el siguiente objetivo.

¿Les basta? Con esto termino por hoy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario