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viernes, 13 de marzo de 2015

Eramos unos niños, Patti Smith (Lumen, 2010)



"Fue el verano en que murió Coltrane. El verano de Crystal Ship. Los hippies alzaron sus brazos vacíos y China hizo detonar la bomba de hidrógeno. Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey. AM radio retransmitió Ode to Billie Joe. Hubo disturbios en Newark, Milwaukee y Detroit. Fue el verano de la película Elvira Madigan, el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito, un encuentro casual cambió el curso de mi vida.
Fue el verano en que conocí a Robert Mapplethorpe. [...]" 

Eramos unos niños no es solo una historia de juventud entre dos seres que se aman. Es un anecdotario de época que cruza las vidas de dos artistas en desarrollo con el mundo del arte al que intentan entrar por distintos caminos. Allí están, en medio de la gran ciudad, cruzándose con Andy Warhol, con Janis Joplin, con Jimi Hendrix, con Allen Ginsberg. Allí están, en un mundo que se abre a las nuevas formas culturales y la libertad sexual y la experimentación narcótica. Allí están, haciendo frente al que sea, acaso, el gran temor de esa segunda mitad del siglo XX: el sida. 
Es la historia de Patti Smith y Robert Mapplethorpe. De la poetisa y el pintor. De la reseñadora de discos y del escultor. De la cantante y el fotógrafo. De dos artistas. De dos amigos. De dos amantes.

Llegó a mis manos como obsequio de cumpleaños de tres amigos que atinaron con el presente. Un libro que bien nos identifica a todos nosotros. En sus páginas, Patti Smith narra con delicadeza e increíble memoria crónica su propia historia. Cómo fueron sucediéndose los hechos que la llevaron a recorrer los distintos estados de su país, las diversas ciudades. Tiempos de bohemia, de vivir en las calles, de aprender a sobrevivir, de sostener una libertad cuya manifestación última estaba allí, en sus poemas. Cuenta cómo conoció al hombre de su vida, al que la marcó por siempre. Su amigo, novio y compañero. Detalla sus idas y  vueltas conviviendo y aprendiendo cada uno a seguir sosteniéndo su voluntad artística y su libertad personal.

Es una historia cargada de datos y nombres que entran y salen de la vida de estas dos personas que, pese a todo se han amado hasta el último día. Una historia tan maravillosa como real que obliga a quien la lee, a sumergirse en ella y abandonar toda noción de tiempo y espacio para poder alcanzar a cada momento la página siguiente, a querer saber cómo continúa. 
Es una historia que anima a quien sueña a seguir luchando por sus propios sueños. Una historia que también roba sobre el final una o dos (o más) lágrimas por el desenlace que, aunque conocido previamente, escapa con tanta dulzura y perfección de la pluma de Smith, haciéndole inevitable el llanto al más duro. 

Una oda al amor y a la amistad.


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